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ISSN 1989-4163

NUMERO 37 - NOVIEMBRE 2012

Roland Barthes

Holly

Roland Barthes es conocido por analizar el rostro de Greta Garbo como si fuera una máscara africana o una calavera azteca, quizá una momia egipcia. Sin embargo, es un filósofo que no se ha limitado a la belleza por sí misma, esa belleza de Garbo que trascendía la pantalla. Greta Garbo era la gran estrella de los 30s, la dama del cine por excelencia, aunque la gente opinaba que Marlene Dietrich -Goebbels la adoraba aunque sin ningún tipo de reciprocidad- tenía mejores piernas. 

No obstante, Roland Barthes no se hizo famoso sólo por eso, ya que también se dedicó a reflexionar sobre la moda. Así dijo: "se sabe que la vestimenta no expresa a la persona sino que la constituye. O más bien es sabido que la persona no es otra cosa que esa imagen deseada en la que la prenda nos permite creer".

Si analizamos desde ese punto de vista lo que significa la moda, obtendremos algo muy distinto de lo que en principio habíamos imaginado. Nos vestimos para los otros, dijo Schiaparelli y señaló que, especialmente, las mujeres se visten para dar envidia a las otras mujeres. La moda femenina, la industria más potente del mundo, se basa en el deseo. No en un deseo positivo -estar guapo, estar bien, ir acorde con el espíritu de los tiempos, mantener el capitalismo y el empleo o lo que sea- sino por un deseo más bien de un tono verde envidia: ser mejores de lo que somos y ser mejores que los demás. 

Todos los creadores visualizan un prototipo de mujer, una especie de arquetipo físico-psicológico para el que diseñan. Muchos hablan de su madre como inspiración, aunque rara vez esa progenitora coincide con su mujer ideal. Sin embargo, cuando una clienta compra una marca, podemos afirmar que se identifica o busca identificarse con el espíritu de la marca.

Cuando una mujer lleva un vestido rojo, probablemente quiera ser una mujer Valentino. ¿Qué es eso? Una mujer con la vida resuelta en cuanto a lo económico y con un abanico de posibilidades delante de ella que probablemente se inspira en aquella desconocida radiante que destacaba sobre el resto, vestida de rojo, en la Ópera. La dama misteriosa. Este es el cuento del seductor seducido.

Cuando, en vez de Valentino, escoge, por ejemplo, Stella McCartney, la ecuación es sencilla. Stella McCartney diseña para ella misma. Una generación cuyos padres dieron forma a los 60s y los 70s, modernos, preocupados por la vida sana y el ecologismo, pero también por ser cool e ir a la moda. O sea, un poco como John Lennon pero sin la pesada de Yoko Ono.

En los años 30 las señoras de Chanel eran libres, elegantes y muy bellas. Todas eran un poco remedo de la propia Coco, que se hizo su moda como "Robinson su cabaña", a medida que las necesidades iban surgiendo, porque Chanel diseñaba según veía, conocía y precisaba. En cambio, las chicas de Schiaparelli eran modernas, surrealistas y divertidas. Duraron poco. Pero también las de Chanel. Todo muy en la onda de los efímeros tiempos de entreguerras.

La moda, señores y señoras, es semiótica: significados e información. Piensen un poco en sus referentes estéticos y en su armario. Quizá sean sus sueños -o sus pesadillas-.

Tranquilos, tiene fácil arreglo: ¡Z...a...r...a!

 

Roland Barthes

 

 

 

 

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